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Pequeños gigantes

Siempre me he preguntado por qué cuando hablo con un directivo de una multinacional se suele quejar de las desventajas de ser grande (burocracia, lentitud en la toma de decisiones, silos, luchas de poder, etc.). Y cuando hago lo mismo con el fundador o CEO de una PYME lamenta el escaso tamaño de su empresa (tensión de liquidez, dificultad para atraer talento, escasa capacidad de inversión…).

Entonces, ¿cuál es el tamaño óptimo para maximizar el crecimiento, atraer y retener el talento clave, satisfacer a los clientes y tener recursos para financiar el futuro de la empresa?

Probablemente no existe una respuesta única, y no sé si correcta, sino una serie de reflexiones que ayuden a cada empresa a encontrar su propio modelo de negocio sostenible en el tiempo.

Existen modelos de negocio más tradicionales y jerárquicos, lineales en la toma de decisiones y con capacidades fragmentadas o inexistentes para innovar y adaptarse al cambio. Y puede que esta receta haya funcionado bien hasta la fecha porque, en entornos de certidumbre, estos modelos son efectivos.

Sin embargo, los cambios radicales y la velocidad que estamos viviendo en los entornos sociales, económicos, demográficos, tecnológicos y, recientemente, sanitarios, están poniendo seriamente a prueba estos modelos de negocio.

Creo que, desde el punto de vista empresarial, la pandemia provocada por el coronavirus nos ha enseñado que quizás hay que poner menos énfasis en el qué y más en el cómo. Es decir, tradicionalmente muchas empresas emplean una cantidad de recursos enorme en tratar de acertar con las variables clave que lleven a un objetivo anual. Ante un entorno de gran incertidumbre, sinceramente pienso que uno de los valores clave para la supervivencia y crecimiento futuro de la empresa debe ser la flexibilidad de su modelo de negocio.

“La pandemia provocada por el coronavirus nos ha enseñado que quizás hay que poner menos énfasis en el qué y más en el cómo”

Pero ¿qué son los modelos de negocios flexibles?

La observación personal de 24 años de experiencia en diferentes empresas y funciones, me lleva a pensar que los modelos de negocio flexibles presentan las siguientes características:

  • Empresas y marcas orientadas a los valores: los productos son en general cada vez más rápidamente «copiables». Sin embargo, lo que no resulta tan fácil de copiar son la forma de trabajar de una empresa, sus valores y el alineamiento de la cultura de empresa con los mismos. En definitiva, la máxima conexión con el cliente surge cuando la marca refleja de forma real esos valores y el cliente así lo percibe.
  • Organización líquida: con poca jerarquía, organizada según áreas estratégicas clave y gestionada por proyectos.
  • Flexibilidad laboral: confianza en el empleado, modelos híbridos de trabajo presencial y teletrabajo, orientación al resultado y a la conciliación laboral y personal.
  • Diversidad en los equipos: de puntos de vista, habilidades, género, nacionalidades.
  • Trabajo colaborativo: responsabilidad clara, participación plural y empleo de metodologías contrastadas de trabajo en equipo.
  • Creación de un ecosistema alrededor de la ventaja competitiva: muchas empresas se empeñan en hacer todo internamente. Por poner un ejemplo, si no vas a gestionar mejor la tecnología que Amazon, Microsoft o Google, ¿no sería mejor tener una arquitectura de sistemas bien definida y subcontratar a un partner de confianza la ejecución y mantenimiento?
  • «Hiperpersonalización»: el cliente hoy está muy informado, es diverso y muy exigente, así que debemos dotar a la empresa de los recursos y tecnología que le permitan ir por delante de las necesidades de sus clientes, de sistemas de toma de decisiones que estén orientados a la satisfacción del cliente y de atención de primer nivel. Porque, si no hay clientes, se acabó.
  • Tecnología enfocada al cliente y al aprendizaje: ¿cuántas empresas invierten una gran cantidad de presupuesto en herramientas tecnológicas que luego casi no se utilizan.? La inversión en tecnología debe abordarse en combinación con una revisión de los procesos de la empresa y la capacitación actual y futura de los empleados. Y ello suele llevar a necesidades de planes de formación continua, decisiones de qué internalizar y qué externalizar y cómo complementar el talento interno.
  • Gestión integral de la innovación: no se trata solo del presupuesto, sino de la mentalidad, de la cultura de empresa y de la voluntad de arriesgar y fallar.

Tras estas pinceladas, creo que las empresas con modelos de negocios flexibles combinan las ventajas de agilidad y capacidad de innovación con las de escalabilidad, capacidad de aprendizaje y crecimiento exponencial. En definitiva, animo a las empresas a pensar más a lo grande y enfocarse en la ejecución de forma ágil y buscando la capacidad de adaptar el crecimiento de una forma sostenida en el tiempo.

Si tratara de explicar todo esto a mi hijo pequeño, diría que estas empresas son los pequeños gigantes. Pequeños hoy, gigantes en el futuro.

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